sábado, 30 de abril de 2016

SÓLO ANTE UN ALTAR ME ARRODILLO...

Me he exigido íntimamente obediencia suprema desde temprana edad, en común unión con mi conciencia, y ante ella responderé siempre, más allá de que, como integrante del colectivo social me sienta obligado a respetar derechos y obligaciones con las que el sistema normativo (Constitución, leyes y decretos reglamentarios), regulan la convivencia social de los pueblos.
 
Tengo meridianamente claro que no he de someterme a poder dictatorial alguno, sea del pelaje que sea, venga de donde venga, y lo he demostrado en mi largo vivir, además, cuando no me doblé nunca ante relaciones que no comulgaban con mi sentir, sean societarias o jerarquías superiores en los pocos años en que viví en relación de dependencia...
 
Y he pagado muy altos precios por defender esa postura, con dolores y sacrificios que me han marcado por dentro, pero los custodio como testimonios muy valiosos de una íntima convicción. 
 
Sólo ante un altar me arrodillo, y es el del Amor, y lo he enaltecido antes y por supuesto después que el don de la fe se alojó en mis entrañas destrabando todos mis bloqueos con los que viví muchos años de mi vida.
 
Pero con prepotencias, botas, sablazos, varillas inflexibles de mando y mucho menos con caprichos insensatos, no, que no cuenten conmigo, porque nunca los toleré y jamás ante ellos me doblegaré, donde sea, y por donde me lleven las circunstancias...
 
 
 
Pero
 
Comprendí por fin que la maravilla gratuita de la vida, cobraba mayor brillo con el don de la fe, dándole verdadero sentido a la existencia, y a esa certeza vivo aferrado y comprometido.
 
 

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