miércoles, 5 de agosto de 2009

Aprendes a no aceptar las derrotas...

De: "Mercaderes en el templo..."
Vas aprendiendo a no humillar a los humildes para que no te castigue la humillación, a extender gozoso tus manos y tu ser, para que un alma perturbada reoriente su existencia.
Aprendes a no aceptar las derrotas si es que has dispuesto vencerte..., aprendes el verdadero valor del sufrimiento y el dolor de los que padecen sin quedarte en los tuyos, vas aprendiendo, siempre vas aprendiendo mientras vives. Aprendes a tomar distancia de los excesos sin sentirte atrapado por tus fragilidades, ni el conformismo que es hermano del fracaso...
Aprendes a cultivas tus propias flores porque solamente te las regalan frente a tu propia tumba, y también, en las aulas de la vida aprendes a no olvidar a los que vivieron y murieron por ti...

La osadía insultante de ofender al amor...

De: "Mercaderes en el templo..."
Pero su alma no hacía búsquedas ahora por los vericuetos lexicográficos de la investigación, sino por los senderos creativos en cuanto a qué hacer con las palabras que leía, las que escribía y las que aún no había utilizado en la novela, y con lo que aprendía viviendo con la intención de hacer algo contra los que habían cometido la osadía insultante de convertirse en mercaderes en el templo del bien y del amor, ofendiéndolo...
No admitía los silencios que reinan en las rutinas, ni la irrespetuosidad de los sarcasmos cómodos que solamente critican mal y nunca arriesgan.
No podía dejarse anclar con intentos cansados en los que todo da igual. No, él no iba a renunciar nunca a la vida como en verdad la entendía su corazón, que sólo estaba dispuesto a latir si él orientaba sus pasos hacia la plenitud a la que necesitaba aproximarse sin desmayos...

martes, 4 de agosto de 2009

Soñar, pero con los pies en la tierra...

De: "Mercaderes en el templo..."

-Como lo hemos hablado más de una vez, Adriano, soñar sí, pero con los pies en la tierra y la realidad bajo el brazo, en ella y con ella, para inyectar en lo posible nuestros sueños.
A ti un día te paralizó el murmullo de un arroyo que bajaba por el pedregal y en lugar de pintarlo optaste por escribir que también es un dibujo del alma...
Ese paisaje marino que un día pinté, es un capítulo de mi "novela" pictórica. Yo también lo intento, y soy muy feliz al hacerlo. Comparto lo que me has dicho, en cuanto a que "lo demás..., lo demás vendrá después", puesto que cuando hice mis trazos en el esbozo y luego en la tarea de definirlo, lo puse todo de mí, sentí mi felicidad mientras lo intentaba, de pronto, mucho más que cuando lo logré.
-¡Qué bueno, amigo, que no me has dejado solo al novelar, pintando!
-Allí, sujeto a mi humilde condición, yo también estuve creando vida y desarrollando una trama, claro, sin oscuras intrigas...

Brindándole un suspiro para que no esté tan solo...

De: "Mercaderes en el templo..."

-Ni yo lo sé, Joao, porque vivo como trabaja un investigador en medio de múltiples tubos de ensayo con la esperanza de que un día mi mente, mi corazón y mis manos combinen de tal modo las cosas para que una reacción, una explosión, un acto involuntario, me indiquen que puedo hacer algo útil para combatir las metástasis del mal, para que a alguien le sirva ingresar en un acto serio de reflexión, o recobrar una esperanza aunque tenga que valerme de algún protagonista que ya no está porque la ficción se tomó la licencia de devolverle la vida..., y mi corazón lo mantiene vivo por amor, brindándole un suspiro para que no esté tan solo...

domingo, 2 de agosto de 2009

Trafican vendiendo el horror...

De: "Mercaderes en el templo..."

-Señores feudales que están presentes en todo tiempo y lugar, que tantas veces se visten bien y con guantes blancos, y están más enchastrados que la mugre, hermano. Tiranías de todo tipo, maldades desatadas en los hombres que yo también rechazo como tú, porque no sólo los dictadores son los villanos del mundo.
Andan por ahí otros tan crueles como ellos, mercaderes de la muerte que saben cómo entrar en zonas de conflictos para vender armamentos pero jamás se acercan a la primera fila de los riesgos. Juegan a las escondidas, saben al dedillo la forma y cómo funcionan los circuitos financieros en los que trafican vendiendo el horror, cómodamente vestidos de blanco como mostrándose puros cuando están manchados de sangre...
Como las tiranías del azar, en escenarios que hábilmente les montan a los que todavía creen en la suerte y se lo juegan todo "entrando" como si fueran vivos, sin darse cuenta de que los vivos son quienes les montan el teatro en el que los despojan.

sábado, 1 de agosto de 2009

Mercaderes en el templo...

De: "Mercaderes en el templo..."

Lo que ocurrió en España con la represión que sucedió a la victoria de las tropas franquistas fue desgarrador. Envilecidos de victoria y de poder se plantearon ir contra quienes no los apoyaron y según ellos los traicionaron. Y salieron a la búsqueda de los rojos, dándole certeza a cualquier denuncia, y matando a inocentes que iban mueriendo fusilados luego de juicios tan sumarísimos como despiadados.
Y eso no fue todo, también se hicieron presentes los "mercaderes en el templo...", con sus presencias despiadadas rindiéndole culto a la mezquindad de sus almas, para tener más aún de lo que ya demasiado tenían, para burlarse de los pobres, para que los mayorales tomen a sus mujeres y a sus hijas con la amenaza de que si no se entregaban a ellos sus maridos quedarían en la calle sin trabajo, para que los miserables sigan humillando a los necesitados...
Tanto reprimieron, que luego no sobrevino la libertad, lo que se estableció fue el libertinaje, y las nuevas generaciones quedaron prisioneras pero de otras dictaduras...

La América saqueada...

De: "Mercaderes en el templo..."

Adriano se dejaba llevar por la ruta terrestre, pero su mente estaba en los mares en ese momento, en las profundas alcancías repletas de oro y plata que aún estaban enterradas, hundidas en el fondo del fango submarino, aunque no todos los saqueos habían tenido como destino ese entierro...
Y era así, allí estaban en el barro algunos de los tesoros de la América saqueada en los tiempos de la conquista colonial, vaciadas sus riquezas que terminaban en el fondo de los mares por la piratería reinante en ese entonces, o porque así era castigada la impiedad del conquistador obsesionado en transferir riquezas a sus imperios, dejando pobreza, hambre, muerte y desolación en el nuevo mundo que conquistaba.
Hay una deuda histórica, que de alguna manera algún día se abrirá paso a través de los olvidos...