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sábado, 18 de julio de 2009

Sin olvidos...

De: "Mercaderes en el templo..."

Los dos amigos decían:

-Y sí fue. Y después, ¿cómo pararlos?

Cuando Adriano hizo esa pregunta su voz lo sacudió por dentro: "No te olvides nunca de las víctimas, de los torturados o brutalmente lanzados al mar desde los aviones... No te olvides tampoco de sus familiares, pues nadie puede ni siquiera imaginarse los extremos de dolor y sufrimientos que soportan. No te olvides, porque si lo haces, dejarás que mueran del todo y nunca más se hará justicia con ellos..." Entonces comentó:
-Y todo lo que no sabemos, lo que nos han ocultado y manipulado con la complicidad de tantos.
-Sí cómplices y adulones que nunca han faltado en cada uno de los conflictos de la historia-remarcó Joao, para agregar-. Yo estoy muy saturado de la falsedad, de tantas hipocresías, y ya no le otorgo a nadie la derecha porque a veces por prudencia uno se calla y cuando ello ocurre más se otorga. Ahora no, ya no me silencio más. Estoy viejo y si tengo que hablar lo hago sin ningún temor.
-A mí me ocurre algo similar y estallo por dentro si no me desahogo. Y esa actitud, me ha costado rupturas con amigos, compañeros de trabajo en su momento, y hasta con familiares y clientes por ser honesto y frontal e ir directamente a defender la verdad que me orienta. Y cuando uno habla y no expresa lo que algunos desean oír, estos se agravian, se ofenden, se apartan, te juzgan, te etiquetan, y te terminan condenando...

Sin olvidos...

martes, 30 de junio de 2009

Aprendí a dejar a un lado las quejas...

Aprendí viviendo y sufriendo. Y no me quejo, no pierdo tiempo en lamentos que nada me aportan.
A mí nadie me sentirá quejar porque soy un agradecido que nunca perderá la memoria ni la certeza de que el amor me dio la vida para no derrocharla con tonterías.
Aferrado a ese concepto, asumí con gozo la ventura de amar para que podamos vivir en una común unión que nos permita respetarnos y querernos más, y mucho más todavía en este mundo al revés...
Aprendí viviendo y sufriendo que te pueden hacer zancadillas los estafadores, adulones y arribistas, los que tienen miedo que les soplen en la nuca o le pisen los talones, o les hagan sombra...
En definitiva le tienen miedo a sus debilidades que simulan acomplejados en peligrosas posturas, esas en las que se refugian los mediocres, y los necios que nunca desean oir lo que no les conviene...