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martes, 30 de junio de 2009

Aprendí a dejar a un lado las quejas...

Aprendí viviendo y sufriendo. Y no me quejo, no pierdo tiempo en lamentos que nada me aportan.
A mí nadie me sentirá quejar porque soy un agradecido que nunca perderá la memoria ni la certeza de que el amor me dio la vida para no derrocharla con tonterías.
Aferrado a ese concepto, asumí con gozo la ventura de amar para que podamos vivir en una común unión que nos permita respetarnos y querernos más, y mucho más todavía en este mundo al revés...
Aprendí viviendo y sufriendo que te pueden hacer zancadillas los estafadores, adulones y arribistas, los que tienen miedo que les soplen en la nuca o le pisen los talones, o les hagan sombra...
En definitiva le tienen miedo a sus debilidades que simulan acomplejados en peligrosas posturas, esas en las que se refugian los mediocres, y los necios que nunca desean oir lo que no les conviene...