sábado, 8 de agosto de 2009

A partir de sus propias ruinas...

De: "Mercaderes en el templo..."

Muchas personas han errado el rumbo que le dieron a sus vidas, pero no por ello hay que condenarlas excluyéndolas de la comprensión y el perdón. Tienen que ser ayudados a reconstruirse a partir de sus propias ruinas, pero principalmente de la ayuda más sustancial que es la propia.
Y no se debe mirar para otro lado, nadie puede hacerse el distraído pues a cualquiera le puede pasar, a cualquier familia le puede llegar ese martirio de un hijo o un integrante en malos pasos, sea por la droga, por una perversión sexual, por un delito, o por cualquier otra desgracia y golpearla, porque de ese riesgo nadie está libre.
Necesitamos abrir el corazón con piedad ya que las sombras nos están rondando y potencialmente, envolviéndonos, y poner con humildad las barbas en remojo para no engañarnos pensando que el problema no es nuestro para desentendernos de él porque es una tragedia ajena.
Puede ocurrir que la tragedia golpee la propia puerta, o la de un familiar, o la de los amigos del alma, y ahí, ahí todo se verá diferente y nos impulsará a la solidaridad, desapareciendo la tan común y despiadada indiferencia que es tan dura y cruel como la culpa...

Para que sientan que vale la pena vivir...

De: "Mercaderes en el templo..."

El eterno enfrentamiento entre el bien y el mal. ¡Qué lejos están los malvados, del bien que nunca podrán vencer! Nunca podrán con el amor, ni con el poderoso ejército sin ruidos de los que se alinean en él, seguros de que no hay mayor posibilidad de condecoración para un luchador convencido, que ir detrás de un ideal de justicia y libertad. Sólo así es posible que los desplazados y olvidados sientan que vale la pena vivir...
Para eso es necesario e imprescindible el resurgir también, de un hombre nuevo político, para procesar el reacomodo social de los pueblos y desprenderse de aquellos que han hecho muy poco por su despertar.

Para las almas y no para los bolsillos...

De: "Mercaderes en el templo..."

No, tú no te sometes a los poderosos, "malvados insensibles que necesitan ver relucir el oro en las griferías de sus baños", cuando tantos semejantes no tienen ni dónde caerse muertos y los suyos ya carecen de fuerzas hasta para enterrarlos...
¿Qué más puedo decirte, ensayista? Si lo has expresado casi todo escribiendo " para las almas y no para los bolsillos" desde tu corazón dolorido por la multiplicidad de padeceres sembrados por el hombre acá y allá que sientes como propios.

Cobardes hipocresías...

De: "Mercaderes en el templo..."
Enemigo irreconciliable de quienes han manchado y marchitado la historia del hombre en el pasado y que hoy, con otras formas y otros nombres, siguen empalideciendo el destino de los pueblos oprimidos "con la barbarie de tantos genocidios que muchos silencian y hasta justifican con cobardes hipocresías diplomáticas..."
Ensayista que ensayas para la sencillez de los llanos a los que perteneces y más te convocan, pero que nunca te permitiste ensayar con el amor, porque simplemente lo das a manos llenas, puesto que amas y lo haces porque sí..., olvidándote de ti.

jueves, 6 de agosto de 2009

La odisea del largo y sacrificado caminar...

De: "Mercaderes en el templo..."

-He pensado siempre que no hay que temerle a la odisea del largo y sacrificado caminar. Y a aquellos que afirman que hay quienes han tenido una vida color de rosa, que no lo creo, les diría que todos, todos sin excepción en mayor o menor grado, sentimos en carne propia la dureza de la vida. Nadie se la lleva de arriba. Es duro el andar, pero qué maravilloso es vivir, ¿no te parece?
-¿Cómo voy a discrepar con eso, Adriano? Al contrario, hubiera sido no aprender nada viviendo. Sería como enjabonarse para que te resbalen los problemas, como pretendiendo que no se detengan en ti las dificultades que a todos de alguna manera nos rondan.
La gratuidad de la vida no es sinónimo de que gratis has de vivirla. Nadie pasa sin costos por la existencia, ni ÉL pudo pasar. Pudiendo aniquilar a sus agresores, prefirió darles una lección de amor, prefirió amarlos para que apreciaran que hay un eterno despertar en el amor y los amó tanto que suplicó por ellos, y porque no sabían lo que hacían...

miércoles, 5 de agosto de 2009

Saber escuchar y oír en los silencios...

De: "Mercaderes en el templo..."

-Esa es una verdad en toda circunstancia- intervino Adriano-. Saber escuchar, dejar que los demás se expresen como lo hacen también los murmullos del aparente silencio del monte, de la sierra, del mar, del campo..., para comprender cómo y con qué esplendor los elementos naturales despliegan la sinfonía sin actitudes visibles, porque una partitura y una batuta invisibles controlan la función natural.
Yo siempre tuve inclinación y necesidad de escuchar en los silencios. Por naturaleza rechazo los ruidos exagerados y me perturban cuando se exceden, me hacen daño. Va a haber muchos sordos el día de mañana, algunos porque se niegan a oír, indiferentes a lo que les dicen, otros porque son prisioneros ya de ruidos alocados para no sentir lo que no quieren ni responder a los llamados de la cordura, y ya no reaccionan ante los insultantes ruidos de la enajenación. Y esto para no hablar de otros ruidos que estallan con las metrallas de la muerte...
Hay gente que está convencida de que la resurrección es sólo una palabra de contenidos huecos. No creen en el despertar y reniegan del revivir que es volver a la vida. Y como no sienten esa verdad, la niegan, la desprecian y se condenan a no dejar de morir, dándole a sus vidas la penumbra que antecede a las sombras...

Leer en la vida misma...

De: "Mercaderes en el templo..."

¡Cuánto deben aprender los escritores que jamás tendrían que dejar de leer en la vida misma y cultivarse con los hombres y mujeres, con los ancianos y los niños que andan por las calles de la vida y no asisten a las tertulias literarias pero son capaces de dar tanto...!
Y tantas veces se los deja pasar, se los valora por lo bajo, se los desaprovecha cuando ellos nos podrían transferir profundas experiencias y ricas historias, magistrales enseñanzas que también se nos pueden ofrecer desde la sencillez, para que no queden archivadas "en el silencio de las sombras", cuando merecerían trascender al debate de las ideas y a la manifestación de plumas que no las subestimen.