martes, 8 de agosto de 2017

APRENDÍ A PLANCHAR LOS PERGAMINOS DEL TIEMPO....

En mi larga trayectoria aplicada a la producción escrita, he llegado a registrar: 

"Siempre pude dar vuelta las hojas marchitas de mi existencia con reconfortante facilidad, lo cual no significa que no mire mi pasado, y no sienta nostalgias por cosas y hábitos que se han esfumado de mi acontecer...

No me pesa la edad. Tengo ya muchos años, y aunque muchos no lo crean, un niño juega todavía dentro de mí, deseoso de encontrar a otro para jugar con la pelota de trapo, con las bolitas, con los trompos, los jugadores de plomo, las figuritas, o con el balero...

Solamente la "globa" ha perdurado a través del tiempo, y también con ella necesito seguir haciendo malabares, como lo hacía desde niño, si pudiera...

Pero nunca me he salteado etapas en mi vida...

Sé también que pasé un día sin darme cuenta, de joven a hombre, como quien deja una tarde una ribera, cruza un puente, y retorna al anochecer con una experiencia que me esmeré en procesar sin engaños, sin hacerme trampas, y también, sin falsas ostentaciones que jamás fueron necesarias en mi existencia...

Tuve una vida en la que el amor me marcó, y la inmediatez no me atropelló porque se lo impedí.

Y hoy, casi un viejo pero por fuera, pero muy fresco por dentro, mis sueños irrenunciables me planchan los pergaminos del tiempo...

En mi largo peregrinar por la vida y por los renglones en los que fui volcando peripecias de mi existencia, he registrado los ecos de mi corazón, con el motor siempre encendido de mis ansiedades...

¡Qué feliz sería, si pudiera..., seguir estando donde estén mis seres más queridos, aunque me hayan pedido la vida...! 

¡Ah, si yo pudiera seguirlos como si fuera un duende...!

¡Lo haría, claro que lo haría, si pudiera...!

Voy dejando atrás muchos atardeceres, pero tengo la certeza de que no ha llegado todavía, el atardecer final de mi vida, puesto que vivo oponiéndome a que sus sombras me atrapen...

Y mientras así lo sienta, comprobaré que estoy vivo, atado a la vida, peleando por tantas cosas que no estoy dispuesto a silenciar, ni a dejarme doblegar...

Por eso, nada más que por eso, me tranquiliza saber que si algún día me llaman a un destino sin retorno, igualmente me encontrarán en los renglones que dejé escritos, donde me encontrarán con vida, para seguir dándome sin reservas, con todo aquello que las circunstancias puedan impedirme..."


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