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martes, 7 de julio de 2009

Los silencios...

De "Un oscuro perfil..."

Los silencios..., los silencios de mi padre fueron los que más ruidos incomprensibles produjeron en mí, sacudiéndome, como indagando tantas cosas sin respuestas que no me quiso decir, lo he pensado, seguramente para no entristecerme, por todo cuanto debieron soportar en el pueblito, cuando se le apagó la vida a mi madre enferma, y en un viaje sin retorno se fue, sufriendo, sumida en el dolor, con la indiferencia y el olvido de muchos, por miedo, o qué sé yo...
...
Tengo muy firme una certeza, el dolor de los demás, es lo que más me duele. Y si todavía se trata de los míos, más me duelen y no hay paz en mi si a ellos los perturba el dolor.
Comparto que "para escribir hay que sufrir..."
Ser un escritor comprometido, pasa irremediablemente, por sentir en el alma las venas abiertas de los que sufren. Y si lo soportan en silencio, más me duele.

jueves, 2 de julio de 2009

Desde el dolor y las carencias...

Aprendí viviendo y sufriendo que nada forma más y mejor que el dolor y las carencias. Aprendí también, que uno no debe achicarse nunca frente a los soberbios que te subestiman, que se creen más y superiores y hacen cualquier cosa por treparse al pedestal que ellos mismos se construyen, para estar más cerca de los poderosos y engolosinarse de figuración, sin darse cuenta que la legitimidad está en que otros sean quien los reconozcan...
La soberbia los ciega. No hay mayor ni más natural reconocimiento que aquel que te haga tu conciencia responsable, pues nadie debería exigirte más que tú mismo para dejarla tranquila...
Aprendí que el aplauso más valioso, el que te llega al alma, es el interior, el tuyo.
Eso se logra si vives proyectado hacia adentro de ti, intentando crecer y elevarte, y no andar buscando en vano figuración hacia afuera...

lunes, 29 de junio de 2009

Sentí dolor y bronca...

Sentí dolor y bronca durante mucho tiempo, pero no olvidos, aunque haya terminado orando por ellos.

Me costó mucho, lo reconozco, y hasta me arrepentí por ello. Ahora, sólo el Señor sabe lo que se operó en mí hasta que llegué a "agradecerles" el gran favor que me han hecho enseñándome a alejarme de ellos, puesto que al tomar distancia, aprendí a no caer más en descuidos de relación...

Aprendí que nunca en la vida dejas de ser un aprendiz en el vivir, tengas la edad que tengas, gracias al tamiz invalorable del convivir, que nos descubre a todos, por ese prisma cristalino donde surge y resurge airosa la verdad...